7 consejos para influir positivamente en el comportamiento de tus empleados como responsable de RR. HH. 

Una cultura de trabajo positiva y un buen clima organizativo aportan resultados eficaces a cualquier empresa. Mediante esta estrategia, es posible aumentar la productividad y el compromiso de los empleados, así como crear un entorno propicio para la innovación. Sin embargo, estos beneficios sólo pueden lograrse mediante la motivación y el rendimiento de los empleados. 

La motivación laboral ha sido estudiada por muchos investigadores en las últimas décadas, lo que ha dado lugar a diferentes paradigmas sobre los factores que influyen en la felicidad y la satisfacción de los empleados. Los empleados valorados, comprometidos, orientados y capacitados aumentan su productividad, amplían sus conocimientos y adoptan una actitud más activa, contribuyendo así al proceso de desarrollo de la empresa y de sus propios compañeros. De este modo, valorar al empleado es sinónimo de eficacia y optimización en todos los frentes.

¿Cómo conseguimos una plantilla comprometida e implicada? ¿Qué estrategias de motivación podemos aplicar?

1. Proporcionar nuevos retos 

Según la Harvard Business Review, el 85% de los trabajadores se sienten menos vinculados a su trabajo a los seis meses de ser contratados. Si queremos mantener a los equipos permanentemente motivados, tenemos que animar a los empleados a poner en práctica sus puntos fuertes y a ampliar sus habilidades, además de proporcionarles las herramientas de formación para ello. Para que esto ocurra de la mejor manera posible, invierte en una buena planificación. Evalúa las posibilidades de ejecución, determina el número de acciones que realizar y define los recursos disponibles para hacer viable la planificación.

2. Promover la equidad en la empresa y una política salarial justa

Aunque el salario es el factor más motivador para los profesionales, el 75% de los responsables de RR. HH. de las empresas coinciden en que las funciones de los directivos se han ampliado, pero que las funciones y los equipos no están estructurados para promover el bienestar. Lo que se necesita es una igualdad de condiciones que cree un sentimiento de equidad entre el personal en términos de salario y oportunidades de trabajo. Invierte en acciones que destaquen a estos empleados como referencia y ejemplo positivo para los demás, pero asegúrate de que los demás no se sientan en desventaja o perjudicados por no tener las mismas habilidades que el colega destacado. 

3. Alinear el trabajo con el empleado

Otra de las estrategias de motivación más eficaces es colocar a cada empleado en un puesto que se ajuste a sus habilidades y capacidades. De este modo, el empleado se sentirá satisfecho y con ganas de desempeñar sus funciones. Tendrá la oportunidad de crecer y desarrollarse tanto dentro, como fuera de la empresa, y sus opiniones serán escuchadas y respetadas, lo que contribuirá al crecimiento de la propia empresa. Según la gráfica realizada por Gamelearn para el Game-based en acción, 72% de la gente dicen que han recibido formación dirigida principalmente para desarrollar habilidades blandas (soft skills).

4. Buscar el entendimiento

Una actitud recomendada para aumentar el compromiso de los empleados es invertir en el fortalecimiento de la cultura, asegurando que los hábitos, creencias y valores se difundan en la ejecución de las actividades. Una cultura fuerte y saludable garantiza empleados más motivados, alineados entre sí y con un alto grado de comunicación. Hay una tendencia a trabajar en sinergia y hacia el mismo objetivo. Para ello, establece los valores fundamentales que todos deben seguir, como la empatía, el respeto, la claridad y la asertividad. Esta última se refiere a la facilidad para hacer llegar un mensaje, sin utilizar la agresión, la ironía o la pasividad. Un punto importante es dejar claro que la omisión también es un medio de comunicación y que la mayoría de las veces dificulta el avance de los proyectos. Una vez definidos los valores, deben formar parte de un código de conducta, seguido por los líderes y reforzado cada vez que un empleado adopte el comportamiento adecuado. Recuerda que es más fácil comprometerse con el ejemplo que con la orden.

5. Inteligencia emocional

Cuando un empleado está en un puesto de alta responsabilidad, bajo una presión constante o incluso sobrecargado de tareas, es común ver situaciones en las que se siente extremadamente estresado y no puede gestionar todas estas tareas, lo que lleva, por ejemplo, a un exceso de horas extras como he mencionado anteriormente. Esta situación también puede llevarles a desarrollar trastornos psicológicos, que pueden afectar a su rendimiento personal y profesional. Para evitar esta situación, se puede organizar una formación en inteligencia emocional que les ayude a afrontar mejor este elevado estrés y la presión diaria. Permite a los empleados comprender mejor sus sentimientos y emociones, saber dónde y por qué surge cada uno de ellos, y cómo controlarlos eficazmente, evitando el estrés de las innumerables situaciones a las que tenemos que enfrentarnos en nuestra rutina profesional y también en nuestra vida personal.

6. Proactividad

Ser proactivo es una habilidad cada vez más solicitada por las empresas. Por ello, organizar sesiones de formación para desarrollar la responsabilidad de los empleados es una excelente estrategia. En otras palabras, los profesionales se anticipan a sus demandas y buscan siempre innovar, experimentando con nuevos métodos para llevar a cabo sus actividades cada vez mejor. Estas características son esenciales tanto para que el empleado desarrolle su carrera como para que la empresa obtenga mejores resultados. Si tu empresa adopta este concepto, su gestión será sin duda eficaz.

7. Apostar por una cultura de la retroalimentación

El objetivo de la retroalimentación o feedback es informar a los empleados de sus progresos y, por tanto, ayudarles a mejorar su comportamiento y a obtener buenos resultados. Para lograrlo, es esencial proporcionar una retroalimentación que sea constructiva y que aumente la productividad de los evaluados. El feedback puede ser colectivo o individual y debe ser frecuente, respetuoso y no un sermón o una reprimenda. Reconoce los logros, el aprendizaje, las actitudes y las realizaciones de cada persona. Básate en un principio de crítica constructiva, señalando obviamente los errores, pero también sugiriendo formas de mejorar y adaptarse a lo que la empresa busca en ese momento.

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